
La obra de Iván Navarro es más compleja de lo que podría parecer a simple vista, lo cual no es ni bueno ni malo...

Objetos, hechos con tubos fluorescentes, no parece que puedan tener mucho mensaje subversivo, pero para el artista si lo tiene. Él está utilizando luz fluorescente, tradicionalmente asociada a piezas de corte minimalista, para crear objetos complejos, de diseño moderno y limpio, que al ser encendidos adquiere una presencia barroca y artificial.

Muchas de sus piezas, de compleja estructura, están construidas con tubos fluorescentes, artesanalmente ensamblados, para componer mesas, sillas, lámparas, carritos de la compra, hamacas, canastas de baloncesto, que a pesar de su apariencia frágil, pueden ser usadas, quedando así difuminados los límites entre la obra de arte para mirar y la pieza de diseño que se puede utilizar.

Parándonos por ejemplo en sus trabajos, Joy Division I y II, vemos que bajo la forma convencional de simples mesas de té, se esconde una esvástica roja y una Estrella de David amarilla... nada amables las piececitas...

El color es muy importante en su trabajo, casi todas sus piezas son de vivos colores que se hacen más intensos al ser iluminados... un buen ejemplo, su obra Death Row en la que 13 puertas con neones de diferentes colores y espejos, producen la sensación óptica de que hay un infinito corredor de luz por el que nunca se llegará al fin.

Los juegos ópticos con espejos y neones formando pasillos infinitos que no llegan a ninguna parte y pozos profundísimos en los que una palabra se repite hasta lo más profundo de la tierra, son otros temas recurrentes de su iconografía,

Curiosa su pieza para la Venice Art Biennale, Resistance, en la que contruyó una carretilla de tubos fluorescentes que se iluminaban alimentados con la energía producida por el pedaleo, de cuando en cuando cambiaba el color de la luz y así la tuvo transitando por la ciudad. Además grabó sus periplos en vídeo y los proyectó en la sala de la Bienal.

Piezas todas ellas que juegan con la ambigüedad cotidiana entre apariencia y realidad, que no puede dejar de recordarnos a esos llamativos luminosos que nos invitan a sumergirnos en un universo de fantasía cuando en realidad nos están haciendo entrar en un mundo sórdido, oscuro, y peligroso.

Los fotos son de google... odio que los artistas no tengan web...

















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Hace bastantes meses que mantengo correspondencia con Francisco Redondo sobre su afición por colaborar con los graffiteros y el servicios de limpieza de la ciudad de Gijón en embellecer con manchas los muros de la ciudad.

Aunque ni él ni yo somos los únicos en apreciar la belleza que puede subyacer en este tipo de intervenciones espontáneas, hay mucha información fotográfica en la web al respecto, me ha parecido interesante la manera en que Francisco ha logrado intervenir en el proceso, para convertirse en parte activa.

Como él me lo ha contado yo lo transcribo para que la información os llegue de primera mano.

La razón fundamental de todo esto, es el placer por mirar... siempre me pregunto como una persona que ve las manchas de una piedra, las formas de las nubes o los reflejos del agua hermosos, no pueden ver en un cuadro de Rothko (por ejemplo) la misma hermosura“, lo mismo sucede con esas manchas casuales que ya habitan nuestras calles y nadie considera.

Para mis intervenciones lo tengo muy fácil, los lugares que escojo están ya pintados y tachados una y otra vez, lo que yo hago es intervenir en alguna zona que me parece interesante para el conjunto de la pieza. Los servicios de maquillaje de la ciudad suelen pasar una vez al mes y pintan sobre lo pintado, el algunas ocasiones lo pintan todo del mismo color y vuelta a empezar.

Te explico un poco más de las cosas que pretendo con estas actividades:

- Nunca toco una pared sin pintar o pintada por los graffiti originales, sólo sobre paredes tapadas por la pintura "municipal".
- Intervengo en las zonas que yo creo que darán unión y continuidad a la composición final.
- Siempre busco paredes grandes y largas con buena visibilidad, para "crear" composiciones horizontales con apariencia paisajística.
- Busco la interrelación de varios actores, el graffitero, el tapa graffiti, yo y el ojo del que lo descubra.
- Busco llamar la atención hacia algo que está ocurriendo (que llena nuestras paredes), que no es buscado, que es casual y bello.

Los lugares de las intervenciones son:

- un muro situado al lado de un pabellón municipal, que también sirve como rocódromo.
- una pared al lado de un centro de salud, en una calle peatonal y debajo de los soportales de un bloque de viviendas.
- y la primera que mandé que es la que mejor cumple la función de paisaje, los bancos y las gentes que los habitan, los árboles que son como dibujos sobre el muro, el entorno, la luz y la horizontalidad que mantiene con el mar y la arena de la playa. Está situada en la playa del Arbeyal en el muro de una fábrica.

Pues eso es lo que hace Francisco en Gijón y a mí me ha gustado conocerlo. Quería compartirlo con vosotros, por si eso hace que prestéis más atención a estas manchas, cada vez más comunes en el paisaje urbano, que no logran mimetizarse bien con los muros en los que habitan, sacando a la luz increíbles composiciones de similitud cromática, que constantemente evolucionan, gracias a la interacción de varios actores con dispares intereses, pero que confluyen en el mismo espacio.

Además os dejo un interesante y sarcástico vídeo sobre el tema, The Subconscious Art of Graffiti Removal.
Gracias Francisco, por darme a conocer tu particular travesura.
























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